A Miguel Angel Moreno, el Klautonés

Poeta del reino de Klautonia
ha tiempo que en vuestras
comarcas anduve errando.
Una sensación de terciopelo
sobre madera barnizada
recorría entonces mi angostura,
pero aún recuerdo que de huesos
insepultos deseabas florecieran
las banderas de la historia.

Sangrabas palabras como un cristo
de biblioteca incinerada en medio
de esa noche que en los cielos
de la patria extensa persistió
cuales siglos de agonía.

Al sicario así esperabas darle muerte,
estocada de luz de madrugada.

Pero mi alma era una alondra
recién descascarada y no supe
acompañarte sino emigrar
con el viento de las soledades
hacia atardeceres de besos diluidos.

II

Al salir de tu reino,
patria inmensa del hombre
no conquistado por la bestia,
fui buscando en vano tierra dulce
donde echar las osamentas a descanso;
anduve largos días, vino la nieve
y en lejanas celosías tiritó
mi existencia clandestina;
pero anduve, inmutable,
noches, estío, meses,
y no sé cómo ni cuándo
otros hombres, otras huellas
fueron apareciendo en el camino.

III

Y eran de Infernario las tierras al pie,
al ojo, a la huella atrás abandonada.
Aquí los peregrinos de todos los caminos
sumamos voces indistinguibles,
arriamos banderas que juramos defender a muerte,
cargamos desperdicios como coleccionistas depresivos,
restamos desapariciones rancias en la memoria,
adherimos detritos de amores viles,
desechamos epístolas para no contagiarnos de melancolía,
y nos fuimos transformando en demonios de baja alcurnia,
en sombras del lo que alguna vez quisimos…

Y es tan incierta la vida:
tan avasallante el dígito:
tan invencible el hierro:
tan eterno el plástico:
que un silencio de mar incógnito
se se hizo baldío en nuestras lenguas,
y un código de barra infame
apoderóse de nuestro puño y letra.

IV

Pero hoy, a cuatro días del mes de octubre
de este tercer año de igual milenio,
os relato en torpe lo que ha sido
de mi paso por las tierras Infernario.

A vos, Miguel, os dedico a plenitud
este cuaderno escrito en el cuero de mi alma
durante los días más oscuros que mis ojos
han visto en lo que me va de vida.

Aquí os muestro lo que en estas latitudes
hay de par y de dispar con vuestro reino.
Aquí os cuento lo que otros me contaron
con sus vidas mínimas y su lenguaje mascullado.
Aquí os dejo mi testimonio de vida,
mi confesión de Caín arrepentido
en las postrimerías del universo:
perdonad a este hermano canalla,
perdonad mi silencio.

Ya sabéis en qué un fuego consumido perecía.

PD. Gracias por este regalo!

Y ahora que se ha muerto Benedetti…

Cuando en el otro mundo se encuentre con Pablo de Rokha, escuchará los siguientes versos:

¿Por qué cantáis, oh! brutos, a las carretas torpes,
a los amores fáciles, a las casitas viejas,
a las nenas de barrio, a los frailes, al hombre
pacato, mentecato, jorobado y deforme
y no cantáis la vida multiforme y compleja?

Y donde hay un motor encendido y gigante;
y donde hay una fábrica estupenda y gloriosa,
y donde hay un palacio de cemento y de sangre
o una gran muchedumbre de huelguistas con hambre,
vosotros veis a una princesa que llora.

Fragmento de Sátira

Y Lihn rematará diciendo:

“Nadie escribe desde el más allá
Las memorias de ultratumba son apócrifas…”

En tu caso eso es, a lo menos, una bendición…

Poema: Curriculum Vitae

Cuando solía ir a lecturas de bares aprendí que no era para nada bueno hablar o dar explicaciones antes de recitar. Es una ley de “tertulias poéticas” que nunca entendí ni compartí.

En fin, hace semanas que he estado pensando en este poema que escribí hace un par de años, hace semanas también que he estado pensando en “Insoportables”, un blog de poesía que abrí poco antes de saber lo que era un blog.

Hilando ideas, como lector me gusta la catarsis que provoca y que muchos amigos catalogaron de tenebrosa; como autor me gusta el giro que dio entre la idea primera, los borradores poesteriores y su forma final, que es la que leerán ahora. Hilando ideas, lo publico hoy, en parte, como respuesta a un mail que me llegó desde Madrird pidiendo que publicase mis poemas, pero también porque la poesía me handa aciendo cosqillas y me estoy haciendo el tonto desde hace rato.

¿Qué más puedo decir? Con pudor los dejo, con curiosidad pueril me quedo

Curriculum Vitae

Nací con la niebla del infierno impregnada en los huesos,
con una creciente vocación de muerto,
este oficio irrenunciable de mendigo
y una habilidad espantosa para el canto.

Nací con el corazón en hilachas de venas
que se entierran como ciudades anversas,
ya siento mis pies difuntos
atravesados por alcantarillas confusas.

Yo nací con este futuro dolor extenso
que se pierde en las calles del anhelo
y con un millón de vacas muertas colgando de mis ojos.
Mi canto cercenado expele hedor de mataderos insomnes
y derrama la esperanza coagulada del afásico
cuyo nombre impronunciable yo detento.

Nací con la garganta atorada de jazmines negros,
con la lengua agusanada de mil hombres
muertos en batalla, con su miedo y su estertor
de tripas como monedas de fuego en cada mano.

Nací desposeído y negación. Nada de lo que eres,
nada de lo que tienes acude a mi grito consternado.
Nací exiliado de este viento, de esta tierra
y de ese semen anciano
que me heredó una tumba sin casta.

Nací con la oscuridad de los miserables,
con la miseria industrial de los siglos.

Nací con la renuncia en los labios,
con la soledad final del mundo.
En medio del olvido y de la nada de infernario
me espera mi almohada de papel
con un puñado de sueños escritos
en un horóscopo que claramente se equivoca.

Nací con las alas quemadas,
con el alma deforme,
con la certeza irreductible del profeta
que en su lecho de muerte al fin comprende
que ha errado en todas sus visiones.
Esa es la desilusión de lo que soy,
el exiliado ancestral de todas las naciones.

Capítulo I de Rayuela

¿Encontraría a la Maga? Tantas veces me había bastado asomarme, viniendo por la rue de Seine, al arco que da al Quai de Conti, y apenas la luz de ceniza y olivo que flota sobre el río me dejaba distinguirlas formas, ya su silueta delgada se inscribía en el Pont des Arts, a veces andando de un lado a otro, a veces detenida en el pretil de hierro, inclinada sobre el agua. Y era tan natural cruzar la calle, subir los peldaños del puente, entrar en su delgada cintura y acercarme a la Maga que sonreía sin sorpresa, convencida como yo de que un encuentro casual era lo menos casual en nuestras vidas, y que la gente que se da citas precisas es la misma que necesita papel rayado pare escribirse o que aprieta desde abajo el tubo de dentífrico. Continue reading Capítulo I de Rayuela

Simplemente Cortázar, Rayuela, un tornillo… el capítulo 73

Sí, pero quién nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette, saliendo de los portales carcomidos, de los parvos zaguanes, del fuego sin imagen que lame las piedras y acecha en los vanos de las puertas, cómo haremos para lavarnos de su quemadura dulce que prosigue, que se aposenta para durar aliada al tiempo y al recuerdo, a las sustancias pegajosas que nos retienen de este lado, y que nos arderá dulcemente hasta calcinamos. Entonces es mejor pactar como los gatos y los musgos, trabar amistad inmediata con las porteras de roncas voces, con las criaturas pálidas y sufrientes que acechan en las ventanas jugando con una rama seca. Ardiendo así sin tregua, soportando la quemadura central que avanza como la madurez paulatina en el fruto, ser el pulso de una hoguera en esta maraña de piedra interminable, caminar por las noches de nuestra vida con la obediencia de la sangre en su circuito ciego.

Cuántas veces me pregunto si esto no es más que escritura, en un tiempo en que corremos al engaño entre ecuaciones infalibles y máquinas de conformismos. Pero preguntarse si sabremos encontrar el otro lado de la costumbre o si más vale dejarse llevar por su alegre cibernética, ¿no será otra vez literatura? Rebelión, conformismo, angustia, alimentos terrestres, todas las dicotomías: el Yin y el Yang, la contemplación o la Tatigkeit, avena arrollada o perdices faisandées, Lascaux o Mathieu, qué hamaca de palabras, qué dialéctica de bolsillo con tormentas en piyama y cataclismos de living room. El solo hecho de interrogarse sobre la posible elección vicia y enturbia lo elegible. Que sí, que no, que en ésta está… Parecería que una elección no puede ser dialéctica, que su planteo la empobrece, es decir la falsea, es decir la transforma en otra cosa. Entre el Yin y el Yang, ¿cuántos eones? Del sí al no, ¿cuántos quizá? Todo es escritura, es decir fábula. ¿Pero de qué nos sirve la verdad que tranquiliza al propietario honesto? Nuestra verdad posible tiene que ser invención, es decir escritura, literatura, pintura, escultura, agricultura, piscicultura, todas las turas de este mundo. Los valores, turas, la santidad, una tura, la sociedad, una tura, el amor, pura tura, la belleza, tura de turas. En uno de sus libros, Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo. Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo. Del tornillo a un ojo, de un ojo a una estrella… ¿Por qué entregarse a la Gran Costumbre? Se puede elegir la tura, la invención, es decir el tornillo o el auto de juguete. Así es cómo París nos destruye despacio, deliciosamente, triturándonos entre flores viejas y manteles de papel con manchas de vino, con su fuego sin color que corre al anochecer saliendo de los portales carcomidos. Nos arde un fuego inventado, una incandescente tura, un artilugio de la raza, una ciudad que es el Gran Tornillo, la horrible aguja con su ojo nocturno por donde corre el hilo del Sena, máquina de torturas como puntillas, agonía en una jaula atestada de golondrinas enfurecidas. Ardemos en nuestra obra, fabuloso honor mortal, alto desafío del fénix. Nadie nos curará del fuego sordo, del fuego sin color que corre al anochecer por la rue de la Huchette. Incurables, perfectamente incurables, elegimos por tura el Gran Tornillo, nos inclinamos sobre él, entramos en él, volvemos a inventarlo cada día, a cada mancha de vino en el mantel, a cada beso del moho en las madrugadas de la Cour de Rohan, inventamos nuestro incendio, ardemos de dentro afuera, quizá eso sea la elección, quizá las palabras envuelvan esto como la servilleta el pan y dentro esté la fragancia, la harina esponjándose, el sí sin el no, o el no sin el sí, el día sin Manes, sin Ormuz o Arimán, de una vez por todas y en paz y basta.

Jazz

Todas las historias tienen su momento. Esta, por ejemplo, lleva demasiado tiempo entre mis borradores esperando a que me anime a escribirla que de tanto esperar se ha ido reescribiendo con líneas perdidas y medias notas sin destino. Yo, entre tanto, me he obsesionado con otros temas: música, json, clases abstractas, patrones de diseño, jazz, prototipos, drum and bass, memes y religiones varias…

Pero no quiero jugar más a Teseo… que la madeja se quede ahí hecha un nudo, que el Minotauro se coma la rosa o el rubí y que Ariadna se muera de soldedad en Naxos.

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Alta Fidelidad

Ok, sigo pegado con el tema de la música. Soy un tipo pegado con muchas cosas cuando quiero serlo y, a veces, también, cuando no quiero. La verdad es que tengo una personalidad adictiva, tal vez por eso las drogas me asustan bastante.

En fin, soy un tipo pegado, pegado con mi trabajo, con el código y su lógica, con el cuento de crear y resolver problemas, con la poesía; pegado con Cortázar y Borges, con Lorca, Whitman; y pegadísimo con Charly, con Calamaro, con Páez y Sabina. Bien, últimamente también Babasónicos, The Killers y, por qué no, con U2, que sale y entra de mis playlists favoritas por temporadas, lo mismo que Tori Amos, Björk y Sheryl Crow (todos tenemos placeres culpables, ok?).

Pero el cuento que hoy cuento también trata del azar. Sí, porque todas las cosas con las que me pego o me he pegado en la vida me han llegado por azar… Podría decir que por destino, pero prefiero pensar que es por azar, por ese azar que me obligó a salir un 25 de octubre de 1996 cuando no quería hacerlo. Pero, para no prestar una chaqueta que me estaba pidiendo, salí y terminé en la mesa de un bar conociendo a la que sería mi esposa. Poco después ella llegaría con un casete de Sabina. Durante el primer año cantamos “La Canción de las Noches Perdidas” hasta que nos dio hipo. Cuando me separé fue Sabina quien me hizo olvidarla en “19 Días y 500 Noches“.

Y ahora, mientras el mismo Sabina me está diciendo que heredó “una botella de ron de un clocharde moribundo” y que olvidó “la lección a la vuelta de un coma profundo” me acuerdo de Cortázar y de la Maga.

Esta vez el azar fue una deuda pagada con libro. La historia es más larga, pero no más que los años en que ese libro fue el único adorno en el librero de una casa donde no se leía ni el horóscopo. Ya no recuerdo, quizá por aburrimiento o curiosidad lo leí el verano del 94. El libro se llamaba Rayuela e hizo que ese verano terminara para mí siendo invierno en Nebraska, mientras mi Maga andaba perdida entre Talca y Rancagua. Por Rayuela terminé también estudiando literatura en Valparaíso (bueno, lo de Valpo es otra historia) y por Rayuela -en realidad por la Maga- es que ahora ando pegado con esto de la música.

Por cierto, el recorrido desde la Maga hasta estas líneas es mucho más extenso. Tiene que ver con el Deja Vu del que hablaba en el post anterior y con el azar que nos hace ir recordando, entre canción y canción, fragmentos de nuestra vida (justo ahora Bono dice algo así como “Well it’s too late, tonight to drag the past out into the light).

Y hoy el azar me hizo tomar una revista en la que había un artículo sobre la novela “Alta Fidelidad” de Nick Hornby. Casualidad o no, pensaba en ese libro cuando escribí el post anterior y en la forma en que la música nos purga; casualidad o no, sentía que me faltaron cosas que decir y andaba con ganas de escribirlas, casualidad o no, este cuento termina justo cuando Calamaro dice: “cantar es disparar contra el olvido, vivir sin ti es dormir en la estación“….

Banda Sonora

Hace algunos meses me dijeron que me fascinaba encasillarme en estereotipos. Para ser honesto, no recuerdo nada más de esa conversación. Mi cabeza en esos días andaba en cualquier parte, menos sobre mis hombros.

El caso es que ese espejo me devolvió a tierra un par de segundos y me vi frente a una desconocida que me miraba desde lejos y comenzaba a despedirse. Todo lo que sucedió durante las semanas siguientes fue como un tremendo dejavú, como una película con un mal final y un mal actor haciendo de sí mismo… Y nada hice para cambiar el guión, sólo me senté en la última butaca del cine, me colgué los audífonos y le puse la banda sonora:

  • Diez años después, Los Rodríguez.
  • Puesto, Babasónicos.
  • Accidentally in Love, Counting Crows.
  • Curtis, Babasónicos.
  • Peces de ciudad, Joaquín Sabina.
  • Rubí, Babasónicos.
  • Me estás atrapando otra vez, Los Rodríguez.
  • Time after time, versión Everything But The Girl.
  • La puntita, Babasónicos.
  • One, U2.
  • Más guapa que cualquiera, Joaquín Sabina y Fito Páez.
  • Arranca Corazones, Ataque 77.
  • The first cut is the deepest, Sheryl Crow.
  • Donde habita el olvido, Joaquín Sabina.
  • Crímenes perfectos, Andrés Calamaro.
  • Old habit die hard. Mick Jagger.
  • Insoportable, Fito Páez.
  • I shall believe, Sheryl Crow.
  • Quién me ha robado el mes de abril, Joaquín Sabina.
  • Todavía una canción de amor, Los Rodríguez.
  • Te quiero igual, Andrés Calamaro, versión Kevin Johansen.
  • Fue amor, Fito Páez.
  • Mareo, Babasónicos.
  • El colmo, Babasónicos.
  • La despedida, Fito Páez.

Después de todo, mi peor estereotipo es creerme Meursault, el extranjero de mi propia vida, que, como ya dije, se parece bastante a una comedia romántica gringa pero con mal final. The end.